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El ejercicio físico previene la osteoporosis en mujeres premenopáusicas, según estudio de la US

El grupo de investigación Biofanex ‘Análisis Biológico y Funcional del Ejercicio Físico’ de la Universidad de Sevilla, cuyo responsable es el colegiado Luis Carrasco Páez (colegiado 56322), ha concluido que la práctica de deporte moderado intenso y no supervisado mejora la condición ósea de mujeres premenopáusicas, es decir, beneficia a la salud de sus huesos en esta etapa previa a la retirada definitiva de la menstruación.

Durante un ensayo real con mujeres, los expertos han comprobado que el ejercicio físico constante puede mejorar la salud ósea incidiendo en la asimilación de ciertos metabolitos y también en su estructura, aumentando o evitando la disminución de la densidad mineral ósea. Como consecuencia, también previene la aparición de osteoporosis. Esta patología esquelética, conocida como ‘enfermedad silenciosa’, provoca una disminución de masa ósea. Los huesos adelgazan, se debilitan y pueden llegar a romperse, dando lugar a fracturas.


En concreto, los investigadores de la Universidad de Sevilla han evaluado el impacto de una serie de entrenamientos repetitivos ligeros realizados a baja intensidad durante 6 meses en mujeres con edades comprendidas entre los 35 y los 50 años. “Los huesos están en continua renovación. Cuando se forman, y también durante su degradación, liberan unas moléculas a la sangre. Estos biomarcadores de formación y reabsorción ósea permiten medir el grado de ejercicio que impacta en el hueso y en ellos hemos centrado nuestro estudio”, explica a la Fundación Descubre el investigador de la Universidad de Sevilla Horacio Sánchez Trigo, autor del estudio. 


Este grupo de investigación ha analizado durante el estudio titulado ‘Assessment of Osteogenic Exercise Efficacy via Bone Turnover Markers in Premenopausal Women: A Randomized Controlled Trial’ y publicado en la revista International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, los cambios que se producen en la concentración de estas moléculas cuando los huesos reciben estrés como consecuencia de la práctica de ejercicio físico continuado. 


Para ello, extrajeron sangre a las participantes antes, durante y después de la fase de estudio y analizaron los niveles de diferentes marcadores bioquímicos que permiten detectar signos de degradación ósea. 


Asimismo, midieron la cantidad de calcio y otros minerales en la cadera y columna lumbar al pasar sobre ellos rayos X con dos grados diferentes de energía. “Lo escaneamos al inicio y lo repetimos al final de la intervención para estimar la densidad ósea de cada una de ellas”, subraya el investigador de la Universidad de Sevilla. 


Pulsera para medir saltos y pasos


Previamente, los investigadores determinaron qué tipo de estímulos físicos suponen un estrés para el hueso y, tras evaluar diferentes opciones, establecieron una rutina compuesta por 60 saltos de baja intensidad intermitentes y al menos 10.000 pasos a ritmo ligero, todo ello realizado cada día durante seis meses. “Elegimos estas dos actividades porque su práctica repetida provoca un cambio en el estado del hueso. Además, no necesita un asesoramiento dirigido, ya que son fáciles de hacer en cualquier momento del día y rompe la barrera que supone para muchas personas acudir a un centro deportivo por falta de tiempo y estímulos en otras ocasiones”, apunta Trigo.


Dividieron a las participantes en dos grupos: uno control y otro de intervención. En el primero de ellos la actividad física establecida que realizaban las mujeres no se registró. En el segundo sí monitorizaron la ejecución de los ejercicios e hicieron un seguimiento exhaustivo para comprobar su incidencia sobre la densidad de los huesos.


Durante la fase inicial del estudio basada en la recogida de datos, los expertos recibían información de los acelerómetros en forma de pulsera que llevaba cada participante. Sincronizados al teléfono móvil, este dispositivo identificaba la actividad física, en concreto, los saltos y los pasos que superaban un umbral de intensidad previamente definido. “Esta tecnología permite hacer una cuenta atrás de los objetivos que debían cumplir. Cada día, descontaba el número de impactos completados por las mujeres”, detalla el autor del estudio.  


Los resultados de las pruebas físicas y las muestras de sangre mostraron diferencias significativas entre los biomarcadores después de tres meses de estudio. Asimismo, evidenciaron que la densidad mineral ósea del cuello femoral y de la columna lumbar también se fortalecía tras seis meses de trabajo físico continuado. “Detectamos una correlación significativa entre las reducciones de algunos biomarcadores y el aumento de la densidad ósea del cuello femoral. Esto quiere decir que los programas de ejercicios no supervisados con ejercicios como los abordados en este estudio, de carga dinámica de alto impacto, producen efectos positivos en mujeres premenopáusicas, lo cual podría contribuir a la prevención de la osteoporosis”, asegura el investigador de la Universidad de Sevilla.


Tras obtener estas conclusiones, el siguiente paso en el que trabajan los investigadores se centra en analizar estos parámetros en mujeres postmenopáusicas. Además, buscan optimizar la tecnología aplicada e identificar la influencia de otros factores externos, como los ciclos de sueño y el propio ciclo menstrual. 


Este estudio ha contado con financiación del programa Innolabs de la Comisión Europea y fondos propios de la Universidad de Sevilla.


Referencia bibliográfica:



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